El 30 d’agost de 1905, la lluna se situà just entre Mallorca i el sol. Va ser el darrer eclipsi total abans del que tendrà lloc el pròxim 12 d’agost i, sens dubte, fou tot un esdeveniment. No només per la naturalesa d’un fenomen tan excepcional, sinó també perquè més de mitja dotzena d’expedicions científiques internacionals —la British Astronomical Association, la Royal Society of Edinburgh o l’Observatori de Ginebra, entre d’altres— es desplaçaren a Mallorca per observar-lo. Amb el Gran Hotel de Palma inaugurat només dos anys abans, el turisme tot just començava a despuntar. La premsa local no desaprofità l’ocasió i en parlà ferm, dels il·lustres visitants i dels campaments d’observació que muntaren: una delegació anglesa s’instal·là a un antic velòdrom de Son Espanyolet; els escocesos, al castell de Bellver; els suïssos, a la possessió de Santa Ponça; una comissió de jesuïtes, al Seminari, convidada pel bisbe Campins…
I també vingueren, és clar, molts altres visitants que volgueren contemplar el fenomen des d’una illa encara exòtica. Sembla que els pocs hotels i hostals que hi havia s’ompliren, perquè la premsa fins i tot publicà un avís a fi que els mallorquins que volguessin llogar habitacions a ca seva en donassin compte al Govern Civil, indicant el número de llits i els preus.
La Almudaina i Última Hora, doncs, posaren el focus en el que feien i deixaven de fer els visitants, però també reservaren espai per a la crònica local. La Almudaina de l’u de setembre incloïa dos textos dels corresponsals de Muro i Inca. Us els presentam a continuació, tal com sortiren publicats. Els hem extret de Conferències de les Jornades de Commemoració i Estudi de l’eclipsi total de Sol a la Mallorca de 1905, un volum editat fa 21 anys per la Societat d’Història Natural de les Balears arran del centenari d’aquell eclipsi:
DES D’INCA
El fenómeno del eclipse en el preciso momento de su totalidad, ha podido ser observado por los habitantes de esta población, sin que lo impidieran las nubes, que toda la mañana y noche anterior habían mantenido el horizonte en completa cerrazón. Casi todos estos vecinos han ocupado lo más elevado de los campanarios, terrazas, azoteas, balcones y calles, contemplando la hermosura del espectáculo. Cuando el disco lunar ocultaba el último destello del astro Rey, se ha oído una general esclamación de asombro, convertida después en aplauso por los más entusiastas admiradores de las bellezas naturales. Han podido ser vistas algunas estrellas de mayor magnitud. Hemos observado también como revoleteaban sobre los edificios buen número de murciélagos. – C. 30 Agosto 1905.
DES DE MURO
Hoy ha amanecido nublado. Densas nubes cubrían el firmamento dejando caer con cortos intervalos ligera y desesperante llovizna. Los que se pasaron el día de ayer ahumando vidrios daban ya por perdido su trabajo. Era necesario renunciar a ver el eclipse. El cielo se empeñaba en ocultarnos el sublime fenómeno, «No veureu res», me ha dicho un amigo allá á las once, y sus palabras revelaban la esperanza desvanecida, el deseo frustrado. ¿Qué hacer? El cielo continúa encapotado y el fenómeno con tanto anhelo y curiosidad esperado no será visible para nosotros. ¡Quién pudiera rasgar de un manotazo la cortina de nubes que nos oculta el Sol! En vano se alzan al cielo ojos suplicantes y escrutadores buscando un girón de azulado firmamento que permita creer en que se disiparán las nubes. ¡Nada, nada! El cielo, indiferente á nuestra curiosidad y á nuestra súplica, continúa encapotado y tristón… pero, ya no llueve. ¿Quién sabe? Quizá se despege.
A las once y media, un rayo de sol, infiltrándose entre dos nubes blanquecinas, ha venido ha reaccionarnos. Hemos ensayado nuestros vidrios ahumados. El disco solar está todavía entero. A las doce y minutos se nota en la esfera solar una pequeña mordedura. ¡La conjunción ha comenzado! Nada anormal, sin embargo en la tierra. La campiña que desde el jardín de la casa del amigo Carrió se descubre conserva todavía su aspecto ordinario; se presenta aún risueña y bella. Allá, á lo lejos, el mar conserva su color azul. Las nubes, que no han desaparecido por completo del cielo, nos permiten observar sin el auxilio de vidrios protectores el majestuoso curso del fenómeno. Poco á poco la mordedura va agrandándose, la luz disminuye, la campiña se toma sombría y triste, la ligera brisa, que antes columpiaba las hojas de las palmeras del jardín en que estamos, se ha calmado, el mar toma un color ceniciento. Yo no sé que extraña melancolía flota en la atmósfera. La animada conversación que iniciamos al principio del eclipse va languideciendo. Miramos al Sol y sólo vemos de él una delgada falce. Nuestro interés aumenta; la conversación ha cesado por completo; los anteojos de campaña atisban con insistencia al astro rey. Ya sólo queda de él un punto luminoso; la obscuridad que nos rodea se hace más intensa; el silencio es absoluto; las nubes tomas color plomizo; la mancha luminosa disminuye. ¡Desapareció! Un disco negro, orlado de estrecha faja luminosa substituye al Iuminar del día. Un grito de admiración se escapa de nuestros pechos y el lápiz con que intentábamos reproducir la hermosa corona cae de nuestra mano.
Volvemos la vista hacia la campiña y la encontramos encalmada y fría; no se oye el gorjeo de un pájaro. Allá lejos el «Puig de la Victoria» conserva una luz… A los pocos momentos un punto luminoso reaparece, el disco negro de la Luna se desvanece, y las preciosas haces de luz que á nosotros llegan, yo no se que plácida tranquilidad nos comunican. Un perro, que durante el eclipse ha ido á guarecerse sobre las piernas de su amo, saluda con alegres ladridos la vuelta de la luz. La Naturaleza va lentamente reanimándose. i El fenómeno ha terminado! El Sol luce otra vez majestuosamente en el cielo. – G. de K. 30 Agosto 1905.






















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